sábado, 12 de marzo de 2011

Estudiar a Trotsky: necesidad y obligación revolucionaria


Javier García Noviembre 1999

Estudiar las brillantes aportaciones de Trotsky al cuerpo vivo del marxismo es, más que una necesidad, una obligación para cualquier activista obrero. Los análisis de Trotsky, realizados hace más de medio siglo, se han visto confirmados por el acontecer histórico.


Sin duda alguna, el marxismo de nuestra epoca, la época de la globalización imperialista y la transición al socialismo, no ha podido encontrar mejor interlocutor. Trotsky no sólo combatió duramente en las jornadas revolucionarias de 1905 y 1917, sino que ocupó una vital posición dirigente en ambos procesos.

Al lado de Lenin, su principal maestro, dirigió las riendas del recién nacido estado obrero soviético, primero como ministro de asuntos exteriores y más tarde, como comisario de guerra, fundando el glorioso ejército rojo, que venció la contrarrevolución auspiciada por las principales potencias capitalistas.

Ambos dirigentes, Lenin y Trotsky, se entregaron en cuerpo y alma a la construcción de la Internacional Comunista, la III Internacional, el partido mundial de la revolución socialista, la fuerza revolucionaria más impresionante que haya conocido la historia.

Conscientes de que la revolución no podría sobrevivir en un país atrasado y aislado como Rusia, Lenin y Trotsky dieron más importancia a la Comintern que a la propia existencia de la URSS.

Con los primeros sintomas de burocratización del estado obrero, Lenin ya enfermo, intentó convencer a Trotsky para lanzar una lucha a muerte contra el estalinismo emergente. Lenin llegó a aconsejar al partido bolchevique la destitución de Stalin como secretario general del partido, que entonces era considerado un cargo más organizativo que político. En sus Cartas al Congreso (Testamento político), Lenin elogia la figura de Trotsky calificándole como el elemento más capaz del partido.

Varios meses antes de morir, Lenin rompió relaciones personales con Stalin, pero su enfermedad y muerte le impidieron dar la batalla contra Stalin en el congreso del partido. Trotsky, en lo que después reconoció como uno de los grandes errores de su vida, rehusó atacar a Stalin, cuando sin duda alguna tenía el apoyo mayoritario del partido, por temor a provocar una escisión.

Pero, una vez muerto Lenin, Trotsky es objeto de una calumniosa campaña de desprestigio político dirigida por la troika (Stalin, Kamenev y Zinoniev) cuyo objetivo era alzar un muro artificial entre el leninismo y el así llamado "trotskismo", término inventado por los enemigos de Trotsky y que jamás fue aceptado por el revolucionario ruso.

Trotsky predijo el desastre, con 50 años de adelanto, al que la burocracia estalinista llevaba a la URRS. Hoy, cuando sólo quedan ruinas de la degeneración estalinista, son los seguidores de Trotsky los únicos defensores convencidos de la vigencia de la Revolución de Octubre y de las ideas del internacionalismo y del comunismo.

La agonía prolongada del capitalismo dará una nueva oportunidad a la clase trabajadora para derribar el orden burgués y transformar la sociedad. A través de la lucha, las ideas y el programa marxista penetrarán en las mentes y los corazones de los explotados y oprimidos, convirtiéndose en una fuerza imparable.

Si las ideas marxistas consiguen ganar la dirección proletaria, la humanidad dará un gran salto de gigante hacia una nueva sociedad, el comunismo, una sociedad sin clases, sin estado, sin fronteras ni ejércitos, sin armas, una sociedad humana universal basada en el principio de "a cada uno según su necesidad, de cada uno según su posibilidad".

El comunismo es una sociedad superior, es el reino de la libertad, el arte, la cultura y el ocio, un mundo donde el trabajo asalariado y alienante ha desaparecido y el ser humano es libre de desarrollar todas sus potencialidades creativas.

La humanidad comunista podrá afrontar con éxito aquellas metas que el capitalismo es incapaz siquiera de soñar, como la superación de enfermedades hoy incurables como el cáncer o de viejas lacras como el hambre en el mundo.

Pero para eso aún queda mucho por hacer. El capitalismo no va a caer sólo. Si el reformismo y el estalinismo consiguen mantener su poder e influencia en el seno del movimiento obrero en las próximas décadas, una larga cadena de derrotas sangrientas esperan al proletariado mundial, con la posibilidad de guerras y catástrofes que pueden hacer peligrar la propia supervivencia de la raza humana.

Por eso desde hoy es necesario luchar por la revolución socialista. Aquellos que abracen las ideas marxistas se covertirán en agentes conscientes del proceso histórico. Y para ello es fundamental una buena formación política y no hay mejor manera de empezar a formarse que leer a los clásicos del marxismo y, en particular a León Trotsky.


FUENTE:http://www.marxismo.org/?q=node/48
EVER TENEPPE 177767425
CRF

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